Vocalía de Prensa (1999-2004)
Mi incorporación a la Vocalía de Prensa de la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (SEPTG) se produjo en el XXVI Simposio que se celebró en Sevilla. En esa ocasión, Juan Campos tomó el relevo de Mercè Martínez en la responsabilidad de hacerse cargo del Boletín de la sociedad con la única condición que su estancia en el cargo no se prolongaría por más de un año. Después, yo asumiría la función de Vocal de Prensa y me haría cargo del Boletín.
Y, efectivamente, en el XXVII Simposio de la SEPTG en Segovia resulté elegido Vocal de Prensa. Recuerdo que en aquellos momentos mientras respondía a las muestras de afecto y felicitación por parte de mis colegas ante mi estreno en el cargo, me sentí invadido por una serie de emociones y recuerdos. En primer lugar, experimenté una intensa alegría por ocupar un lugar en la SEPTG que creía- y sigo creyendo- es muy importante para su funcionamiento. El Boletín es la historia viva de la SEPTG.
A lo largo de los años, al mismo tiempo que la SEPTG iba creciendo y consolidándose, al Boletín le sucedía lo mismo hasta convertirse propiamente en una revista. Si contemplo esta evolución del Boletín con la perspectiva y la experiencia que aportan los años transcurridos quizá he de confesar que el actual Boletín pese a ser una revista ha perdido el ser un órgano ágil y espontáneo de comunicación entre los socios. Abundaré en este tema más adelante. Ahora, basta con señalar que el resultado interno que me produjo la elección como Vocal de Prensa fue el de enfrentarme con un reto importante en mi vida profesional ante el cual me sentía entre ilusionado y temeroso.
Creo que estaba más presente la ilusión que el temor por una sencilla razón: Existía un contexto grupal –una matriz grupal- que me sostenía. Y este grupo no era sólo la SEPTG como grupo de referencia sino Grup d´Anàlisi Barcelona-otro pequeño grupo de colegas con los cuales andaba reuniéndome y trabajando desde aproximadamente 1988- Allí, estaban Juan, Hanne, Susana, Isabel y Mercè. También hubo alguien más pero el tiempo ha difuminado su recuerdo. Me quedo con los que mencioné anteriormente. Perdimos a Susana y Juan enfermó gravemente, pero seguimos adelante… con un cierto tono épico, heroico.
Cuando recuerdo aquella época pienso invariablemente en Trigant Burrow y su pequeño grupo de investigación grupoanalítica en las montañas Adirondack. Resistió al ostracismo que le impuso la comunidad psicoanalítica de su época y siguió investigando en las causas de lo que él denominó la neurosis social del hombre. Fue expulsado del sistema pero siguió trabajando en lo que él y sus colaboradores consideraron vital para un mejor funcionamiento de la humanidad.
No sé si estábamos identificados como grupo con el trabajo de Burrow, pero yo así lo creí en determinados momentos. Menciono este aspecto porque formaba parte del contexto en el que yo había vivido y vivía cuando aconteció mi elección en el cargo de Vocal de Prensa de la SEPTG. Vuelvo al Boletín y al año de transición en la Vocalía con Juan. Fue un año intenso. El Boletín se retrasó en exceso: éramos novatos aunque Hanne y Mercè nos ayudaron en todo momento aportando su experiencia de haber pasado por la Vocalía en años anteriores. Isabel asumió determinadas tareas administrativas de la Vocalía de Prensa. Juan, como era habitual, andaba con miles de proyectos rondando en su cabeza. Siempre se avanzó a su tiempo y, por supuesto, pagó un precio por ello.
Juan me dio absoluta libertad para confeccionar el Boletín como quisiera aunque le informaba puntualmente de lo que hacía. Nunca hubo un reproche, siempre estuvo allí para ayudarme. ¡Qué diferente de mi actual experiencia en una determinada revista donde todo debe de recibir el beneplácito del director de la misma¡. En cierto modo, añoro aquellos tiempos al sentir que quizá no los valoré debidamente porque me imaginaba que aquél era el funcionamiento normal de cualquier grupo profesional.
Lo primero que hice al tomar posesión de mi cargo fue leer de nuevo todos los antiguos Boletines. Éstos eran el testimonio vivo de la SEPTG y era mi obligación hacer un recorrido por la historia de la sociedad y poderme integrar en algún punto de su recorrido. Otros y otras antes que yo habían pensado y escrito cosas que era importante que las conociera. Luego, yo podría fijar mis objetivos como Vocal de Prensa pero antes tenía que ir a las fuentes.
Me puse manos a la obra y lo que descubrí fue fascinante. Entresaco algunos párrafos que me parecen muy relevantes para hacer un recorrido por la historia del Boletín que también es la historia de la SEPTG. En el Boletín (Época IV, número 1) de 1988 donde Juan Carlos Olea era el Vocal de Prensa y Pablo Falcón ocupaba la presidencia llama poderosamente la atención el intento-realizado a través del Boletín- de clarificar funciones en la SEPTG y dotarlas de contenido. Me permito citar algunos párrafos del escrito de Pablo Falcón desde la Presidencia: “… mi intención es que el simposium sea lugar de intercambio de experiencias cara a cara, y quede protegido y defendido de: a) la publicidad, b) la actividad formativa y c) la presencia de “estrellas”, personalidades o instituciones de relieve, de tal modo que lo más genuino del simposium, el intercambio, resulte enriquecido por la publicidad, formación y estrella, y no a la inversa. Creo que se debe ir en el sentido de que, dándole su correspondiente espacio, estas actividades, incluso en el plano financiero redunden en beneficios para la SEPTG y no en el opuesto. Es en definitiva la SEPTG la responsable de su simposium y es en esta actividad donde se proyecta y fundamentalmente se realiza. La directiva como responsable de la SEPTG debe responsabilizarse más del simposium.” Más adelante añade y refiriéndose a la Vocalía de Prensa que: “ También entendemos que es la Vocalía de Prensa quien debe asumir el material escrito, grabado o filmado en la SEPTG y las relaciones con los Medios.” Para terminar afirmando que:” Puesto que ya tiene quince años sugiero que acerquemos la SEPTG a la sociedad.”
La SEPTG como sociedad se consolidaba y se especificaban las diferentes áreas de funcionamiento con sus correspondientes responsabilidades. La Vocalía de Prensa no era una excepción y los cambios que se produjeron fueron importantes. Cuando Juan Carlos Olea abandonó la Vocalía de Prensa lo hacía con un deseo: “… Que el boletín de nuestra sociedad pueda ser un ámbito grupal para lo grupal, en el que personas y grupos cooperan desde sus diferencias… ” (Época IV, número 2)
Atrás quedaban los primeros Boletines confeccionados casi de manera artesanal por Pablo Falcón cuyo principal e importante objetivo era el de mantener un mínimo de información, intercambio de actividades y noticias entre los socios de la SEPTG. Quizá, hubo que esperar hasta Juan Carlos Olea, Francisco del Amo y, por supuesto, las etapas en la Vocalía de Prensa de Hanne Campos y de Mercè Martínez para constatar que el Boletín adquirió su mayoría de edad en el sentido de otorgar una importancia decisiva a la palabra escrita como elemento articulador entre los sucesivos simposios.
La palabra escrita se convirtió en un instrumento esencial y complementario al mismo tiempo a las experiencias grupales de los diferentes encuentros de la sociedad. De esta manera, se posibilitó un espacio-las páginas del Boletín-donde poder elaborar, reflexionar y avanzar en el estudio de las diversas problemáticas, personales y profesionales, que tenemos por el hecho de vivir en sociedad.
Se verbalizó la importancia de la escritura. Francisco del Amo lo señalaba en su Nota del Presidente del Boletín número 3 cuando decía: “… cuya puesta en marcha (el Boletín) en su actual formato supone a mi juicio un compromiso serio con una asignatura pendiente de nuestra sociedad: La palabra escrita… ” y más adelante añadía: “… trabajo, emoción y palabra han de tener una relación muy próxima y nuestra SEPTG es un lugar idóneo de encuentro e integración de esas dos instancias.”
Asimismo, Juan Carlos Olea en su Nota del Editor del mencionado Boletín abundaba en lo apuntado por Francisco del Amo concluyendo que: “… este año conseguimos además ponernos al día, al integrar buena parte de los contenidos de Symposium y Boletines del Mismo Año, intentaremos seguir por ahí.”
Todos estos ejemplos sirven para poner de manifiesto el trabajo tan importante que se estaba llevando a cabo en el Boletín como órgano de expresión grupal de la SEPTG. Nunca antes en la historia de la SEPTG la palabra escrita había tenido el lugar tan relevante que ahora se le otorgaba.
Cuando Hanne Campos se hace cargo de la Vocalía de Prensa escribe en el Boletín número 4 del año 1991 un detallado y espléndido artículo sobre el recorrido de los anteriores vocales de prensa y los objetivos que durante su mandato trataron de implementar.
Además, animó a Francisco del Amo-entonces presidente de la sociedad-que escribiera en un nuevo apartado del Boletín denominado Invitación al Diálogo. Desde la Presidencia, uno de cuyos objetivos –creo entender-era crear un lugar para la expresión abierta y sincera de nuestra experiencia en la SEPTG. Francisco del Amo aceptó el reto y, básicamente, lo que apuntaba en su escrito era que la SEPTG con el nuevo empuje que adquiría el Boletín representaba para ésta la “… materialización de su deseo de dejar una huella de su andar, de su sentir y pensar.” Y, más adelante, terminaba afirmando con respecto al Boletín que : “… su diseño (el del Boletín) es una lección de cómo entender el trabajo grupal. Se trata de abrir espacios estructurados de comunicación.”
Hanne inició su andadura como Vocal de Prensa con una Editorial en la que afirmaba sentirse emocionada por el encargo y que “… pensaba que iba a dar un paseo en una Mallorquina (…) y me encuentro en la sala de máquinas de un velero de no sé cuántos metros de eslora (…) Y yo, que apenas se nadar. Se me antoja solo una salida, para mí la de siempre: Confianza en la tripulación.” (Boletín nº 4- Época IV)
Por supuesto, la confianza se depositó en el grupo-la SEPTG- y funcionó porque Hanne le dedicó esfuerzo y tiempo a raudales. El cambio en el Boletín fue notable. El empuje para que el Boletín se convirtiera en un espacio de diálogo y comunicación fue enorme. Así, los socios e inscritos en los simposios recibían, antes del encuentro anual, el correspondiente Boletín con la mayoría de comunicaciones que se iban a presentar en el simposio. El objetivo era poder haber pensado y elaborado los diferentes temas con el tiempo suficiente como para que en el simposio se pudiera profundizar un poco más en sus contenidos.
Años más tarde, Francisco del Amo sucedió a Hanne en la Vocalía y realizó un magnífico trabajo como responsable del Boletín. A su marcha, Mercè Martínez ocupó su puesto y consiguió- en el tiempo que se mantuvo como responsable de la Vocalía- darle al Boletín la categoría de revista. Para ello, incrementó, por un lado, el número de páginas del Boletín hasta llegar en ocasiones a más de doscientas. Y, por otro lado, cambió su formato: desapareció el Consejo de Redacción porque en realidad ya no existía y reorganizó las distintas secciones del Boletín tratando de organizar mejor los contenidos. No voy a extenderme en glosar el trabajo realizado en la Vocalía de Prensa por Hanne y Mercè porque un vistazo a los Boletines de aquellas épocas son un fiel y elocuente testimonio de lo enunciado en estas páginas.
Quizá, sea ahora el momento apropiado de retomar el hilo de mi reflexión como Vocal de Prensa. Mi inserción en la Junta Directiva de la SEPTG se produce en un contexto donde pienso que se habían producido dos puntos de inflexión importantes en el recorrido de la sociedad. El primero fue el Simposio de Aiguablava en el que-así lo creo- marcó un hito en cuanto a ser el más grupal y mejor organizado de cuantos he asistido. Las razones del éxito fueron muchas y complejas, pero destacaría el enorme esfuerzo, dedicación y trabajo de sus organizadores y la presencia de importantes figuras en el ámbito del trabajo grupal que sin lugar a dudas posibilitaron el excelente resultado final.
En cuanto al segundo punto de inflexión, lo centraría en el XXV Simposio celebrado en Sitges con el título de “Cambio social y Nuevas formas de trabajo grupal” donde las nuevas tecnologías (Internet) tuvieron, por primera vez en la SEPTG, un espacio propio gracias al interés e ilusión de Juan Campos que al avanzarse a su tiempo tuvo el coraje y la lucidez necesarias como para estar convencido que el futuro del trabajo grupal no podía quedar fuera del ciberespacio sino todo lo contrario.
Así, en este contexto tomé las riendas de la Vocalía de Prensa. No es de extrañar que en la Editorial del Boletín número 16 Época IV expresara mis temores aunque también las ilusiones que significaba la toma de posesión del cargo y lo que ello implicaba. Apelaba a dos términos: respeto y compromiso. Respeto por la responsabilidad del trabajo que se me había encomendado y compromiso porque sin un esfuerzo continuado no se podían alcanzar los objetivos que me había fijado para desarrollar en los próximos años.
Por supuesto, me inscribía también en una corriente iniciada por Hanne y continuada por los demás vocales de prensa que la sucedieron en la que el Boletín era el punto de encuentro entre la experiencia y la palabra que permite o debería permitir un espacio de reflexión y de elaboración continuada. Es decir, el Boletín concebido como la idea de proceso y de continuidad.
El proceso se había iniciado hacía años cuando a alguien se le ocurrió crear un Boletín –Pablo Población y Rocío Fernández Ballesteros y, años más tarde, Pablo Falcón- para la comunicación entre los socios de la SEPTG. Y este proceso se fue sucediendo en el tiempo hasta que Juan Carlos Olea empezó a editar el Boletín con regularidad desde 1988.
La continuidad venía encarnada, en este caso, por mi persona como elemento que se unía a una larga cadena de Vocales de Prensa cuyo único e importante propósito fue el de seguir con la edición del Boletín que era y sigue siéndolo la historia viva de la SEPTG.
Mis objetivos como Vocal de Prensa aparecieron publicados en el Boletín número 17 Época IV de junio de 2000 y consistían en tres puntos: El primero hacía referencia a la consolidación del Boletín en el sentido de seguir con un estilo similar al iniciado por Mercè Martínez en cuanto a la forma, el contenido y el número de páginas. El segundo punto proponía la ambiciosa idea de constituir un grupo de colaboradores pertenecientes a las diferentes zonas de la SEPTG con el objetivo de dinamizar sus propios grupos de referencia y pertenencia. Ello, supuse, redundaría en una posible mayor implicación de los miembros de la SEPTG.
Y el tercer punto abundaba en dos aspectos iniciados por Mercè Martínez cuando detentó la Vocalía de Prensa. Ella inició y desarrolló los intercambios con otras revistas nacionales y extranjeras. Además, difundió el Boletín a los Colegios Profesionales y a las universidades. La tarea que me impuse consistió en continuar y ,en la medida de lo posible, mejorar la difusión del Boletín siguiendo las líneas trazadas por mi antecesora.
Existió, aunque sin mencionarlo explícitamente como objetivo, un cuarto punto que sería, fue y probablemente siga siendo, el ruego destinado a que los miembros de la sociedad escribieran y aportaran sus contribuciones al Boletín. Petición que se repitió de manera invariable con los diferentes Vocales de Prensa. Por supuesto, yo no fui una excepción y desde la Editorial del Boletín XVI seguí- de un modo u otro-insistiendo en que los socios/as escribieran. En algunos casos, y siguiendo el consejo de Mercè, llamé a numerosos miembros de nuestra sociedad para-en algunos casos- animarles a escribir y- en otros- para recordarles la promesa que habían hecho en su momento de redactar un artículo, opinión o reflexión sobre algún tema de su interés.
Desde la perspectiva que confiere el tiempo, me encuentro en una posición privilegiada para hacer un breve balance de los objetivos que me propuse alcanzar como Vocal de Prensa y de los resultados obtenidos. Con respecto al primer punto, pienso que la tarea de consolidar el Boletín en cuanto al contenido y número de páginas se logró ampliamente: el Boletín se había convertido en una revista bajo la dirección de Mercè y siguió siéndolo bajo mi tutela. Quizá, la conversión del Boletín en revista puede que lograra mejorar en algunos aspectos la comunicación entre los socios/as de la SEPTG. De hecho, muchas de las comunicaciones que se produjeron en las diferentes listas de Internet relacionadas con la SEPTG y sus simposios aparecieron en el Boletín como un ejemplo a seguir de un modo de mantener vivo los contactos grupales a través del ciberespacio y como una nueva manera de relacionarse de manera virtual en el trabajo grupal.
Aspecto- el del ciberespacio- en aquellos momentos muy novedoso en la SEPTG y que, sin lugar a dudas, levantó ciertas resistencias entre los socios/as. Sin embargo, no estoy del todo seguro-más bien lo contrario- de que consiguiera que el Boletín fuera un órgano de comunicación ágil y espontáneo de la SEPTG al estilo del panel por correspondencia concebido por S.H.Foulkes con su Group Analysis International Panel and Correspondence de 1967.
En la consecución del segundo punto, confieso que fui muy poco exitoso: no logré establecer grupos de colaboradores fijos en las distintas zonas de la SEPTG. Con ello no quiero decir que no hubo personas que ayudaron en la tarea de confeccionar el Boletín aportando artículos e ideas al mismo. Los miembros de Grup d´Anàlisi Barcelona, por ejemplo, constituyeron un importante soporte a mi gestión a lo largo de todo el período que estuve como Vocal de Prensa. Con todo, no logré formar un Comité de Prensa estable como hubiera sido mi intención y, posiblemente, la intención de Juan, Hanne y Mercè cuando en su momento ocuparon el cargo de Vocal de Prensa.
Tuve, eso sí de manera constante, una inmejorable predisposición a colaborar por parte de muchas personas de la SEPTG siempre que las llamé y se lo pedí. No obstante, esta actitud generosa no significaba que quisieran o pudieran formar un grupo de personas permanente dedicado a fomentar y potenciar la comunicación en la SEPTG. Para ello, se hubiera necesitado seguramente que alguien sostuviera el espacio de encuentro y ello de manera necesaria implicaba un trabajo y un esfuerzo continuado que pocas personas estaban dispuestas a realizar.
A mi modo de ver, este ha sido el problema central al intentar crear espacios grupales regulares y continuados en el tiempo: alguien debe liderarlos, responsabilizarse de los mismos; de lo contrario al final se diluyen y desaparecen. Son espacios muy difíciles de sostener. Es una tarea harto compleja conseguir que sea el grupo como un todo quien asuma la responsabilidad de su continuidad y no que éste se centre en una persona en concreto como sucede habitualmente.
La difusión del Boletín y el intercambio con revistas nacionales y extranjeras- tercer punto de mis objetivos como Vocal de Prensa- funcionó de manera aceptable. No sólo se mantuvieron los contactos que Mercè había establecido sino que se incrementaron con algunas nuevas colaboraciones. En general, los distintos editores de las revistas con los que me puse en contacto tuvieron siempre conmigo un trato cordial y afectuoso. En algunos casos (los menos, todo hay que decirlo) la respuesta afirmativa de querer iniciar una colaboración o un intercambio entre revistas se demoraba sin causa aparente que lo justificara, lo que suponía en la mayoría de ocasiones una serie de llamadas personales que, indefectiblemente, allanaban cualquier tipo de escollo que se hubiera producido.
Con respecto a las relaciones entre la Vocalía de Prensa y el resto de la Junta Directiva de la SEPTG he de decir que estuvieron siempre presididas por la exquisitez: nunca a lo largo de mis cuatro años en la Vocalía -repetí cargo- me sentí aislado o que alguien dificultara mi trabajo. Más bien al contrario: me dieron todo tipo de facilidades para que pudiese llevar a cabo los objetivos que me había propuesto. Siempre tuve absoluta libertad para tomar las decisiones que me parecieron más acertadas para llevar a buen puerto la función que tenía encomendada y nunca se me cuestionó o se puso en tela de juicio mi trabajo en la Vocalía.
Sólo en los dos últimos años y debido a problemas de tesorería en la SEPTG se me sugirió que en lugar de editar dos Boletines al año apareciera uno anualmente. Así lo hice porque comprendí que los gastos de imprenta y envío eran excesivamente onerosos para la SEPTG. Lástima que este criterio prudente y lógico con el cual siempre estuve de acuerdo, a lo largo de los años y en juntas directivas posteriores se relajó de tal modo que la SEPTG se embarcó en organizar conjuntamente con otra asociación un congreso internacional de grupos que supuso un grave quebranto económico para las arcas de la sociedad lo que redundó en el pago de una derrama por parte de los socios/as de la SEPTG.
Lo que me resultó más triste de toda esta desagradable situación económica y social que vivió la SEPTG fue la escasa o nula reflexión de los entonces miembros de la Junta Directiva. En ocasiones, sorprende la ausencia de cualquier tipo de autocrítica en personas que por su aparente trayectoria personal y profesional se les supone unas determinadas capacidades que luego brillan por su ausencia.
Personalmente, y a modo se conclusión de este breve recorrido de mis experiencias como Vocal de Prensa, mencionaré tres aspectos que fueron muy importantes para mí en aquél período de tiempo. El primero tiene que ver con la confianza y la enorme gratificación que me generó el sentirme capaz de sostener un lugar como el de Vocal de Prensa de la SEPTG : había alcanzado mi madurez profesional o así lo creí entonces. Ahora, pienso que fue un paso más- aunque importante- en mi andadura profesional.
El segundo aspecto se centra en los numerosos contactos personales y telefónicos que realicé durante los cuatro años de mi estancia en el cargo. Estos contactos-ya fueran virtuales o presenciales- contribuyeron a que fuera consciente de la dificultad de establecer pequeñas, quizá diminutas, redes sociales y de la responsabilidad de sostenerlas. El esfuerzo es enorme y desgastador. Tal vez ahí resida la dificultad del trabajo con grupos: el ser consciente que el grupo-aunque al principio sea sostenido individualmente- a la larga debe ser sostenido por todos que sería lo que es ser grupo.
El tercer aspecto se relaciona con la importancia de la escritura y del proceso que va desde la experiencia hasta la palabra escrita y de nuevo- después de un proceso de reflexión y elaboración en el tiempo- retomar la experiencia para continuar con el paso a la escritura. Y así sucesivamente… hasta alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto como grupo si es que nos hemos propuesto alguno. Difícil tarea pero, por lo menos, había que intentarlo.
Personalmente, pienso que realicé el esfuerzo para que el Boletín fuera una pieza del proceso al que me he referido anteriormente. Si lo logré o no, sinceramente, no sabría decirlo. Me queda un cierto sabor a tarea inconclusa. Mi sucesor en el cargo-Tato- tomó el relevo en el Simposio de Allariz y aunque le comuniqué de manera bastante insistente la idea de perseverar en la constitución de un posible comité que formara parte de la Vocalía de Prensa, nunca le convenció esta posibilidad.
Opté por no forzar la situación y abandonar la Vocalía de Prensa sintiendo que a pesar del esfuerzo y de algunos sinsabores que el cargo me había ocasionado, el balance final fue, sin lugar a dudas, positivo y enriquecedor.